Monday, July 7, 2014

Discípulo de Jesucristo

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas, del que anuncia la paz, del que trae las buenas nuevas de gozo, del que anuncia la salvación, y dice a Sion: Tu Dios reina! (Isaías 52:7)

…¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el Evangelio de la paz, de los que anuncian el Evangelio de lo que es bueno! (Romanos 10:15)

Dentro del cristianismo existen distintas variantes. Están los fanáticos, los religiosos, los libertinos/modernos, los seguidores y los discípulos. La parábola del Sembrador notablemente simplifica estos diferentes tipos de cristianos (Mateo 13). También en Mateo 7:15-19 se presenta un cuadro o símil de aquellos que dicen ser y no son; de las ovejas vs las cabras del Reino (Mateo 25 31:46), pero a la misma vez muestra un ejemplar de aquellos que agradan el Reino Celestial.
El fanatismo no permite profundizar en lo del Reino. La religiosidad no permite disfrutar el Reino. El libertinaje y modernismo altera el orden del Reino y su santidad. Los que siguen tienen una agenda personal y carecen de relación personal. En cambio los discípulos, estos buscan engrandecer y edificar el Reino. La vida del discípulo agrada al Padre ya que  busca lo de arriba y se preocupa por vivir una vida en obediencia y santidad. El discípulo donde llega representa a su Creador y Salvador; este no contriste al Espíritu Santo utilizando su cuerpo para inmundicia. Este lleva consigo el Evangelio de la Paz, del Gozo y Libertad. El discípulo no tiene tiempo para envolverse en conflictos teológicos, ideas personales (ideologías), chismes, contiendas, pasatiempos irresponsables (sin frutos), su enfoque es siempre el Reino, como engrandecerlo y hacer que otros se enamoren de él (Reino/Jesucristo) y quieran entrar y ser parte.
El Antiguo Testamento (AT) muestra historias de personas que anhelaban la visita de un profeta. Algunos deseaban construir recamaras extras para cuando el profeta pasara por su ciudad tuviera lugar donde pasar la noche o descansar de su viaje. La visita de un profeta se consideraba como una visitación divina. Un profeta siempre dejaba bendición donde plantaba sus pies (al menos que anduviera en una encomienda divina de juicio).
La visita de un discípulo de Jesucristo debiera ser siempre de anhelo, ya que este lleva y deja bendición donde planta sus pies. A veces es necesario que este lleve un mensaje de juicio/alerta, que al final sabemos es para restauración; aun así es una bendición. El libro de los Hechos muestra varios relatos donde los discípulos eran anhelados y deseados su visita. Había gozo cuando estos llegaban a una aldea, ciudad, los esperaban con gozo y alegría. Eran conocidos como hombres que llevaban buenas nuevas. Donde ellos llegaban surgían milagros y traían gozo a los residentes. Los discípulos aprovechaban el tiempo para hablar del Evangelio de Jesucristo y del Reino Celestial. Solo hablaban de lo que traían en su corazón: el Evangelio de la Paz. El discípulo de Jesucristo, guiado por el Espíritu Santo, se esfuerza en convencer al hombre de “Pecado” de “Justicia” y de “Juicio” para que el nuevo creyente reciba a plenitud los bienes del Evangelio de Jesucristo (Juan 16:7-11); del Reino Celestial. Compartir a Jesucristo es el mejor regalo podemos obsequiar, y eso es lo que precisamente hace un discípulo, comparte la libertad, gozo y paz ha recibido por medio del conocimiento de Jesucristo y Su Evangelio.
Es de suma importancia, me atrevo a decir de vida o muerte, el identificar a cuál de estos variantes perteneces tú que estás leyendo este artículo. En Dios no hay casualidades, si estás leyendo este artículo es porque el Padre desea que medites en tu caminar cristiano. El anhelo del Hijo es que TODOS entremos a reinar con El; que TODOS se salven y vengan al arrepentimiento. Pero la Biblia es muy clara cuando habla de “los de la derecha y de la izquierda.” Al final del siglo, los Ángeles separaran la cizaña del trigo ¡esa es la realidad! (Mateo 13:30 y 49). Jesús te está llamando a ser Su discípulo. Dile si a tu Salvador, acepta el reto.
¡Atrévete a ser un discípulo!


Friday, May 30, 2014

El Verdadero Evangelismo

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura…Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Marcos 16:15; Mateo 28:19). Estos son los mandatos de Jesucristo a Su iglesia. Jesús envió a Su iglesia a predicar su buena nueva (el evangelio), hacer discípulos de aquellos que aceptan la buena nueva, y luego a bautizarles como simbolismo de un nuevo nacer. Lastimosamente este mandato no se ha respetado como se estableció. En ningún momento Jesús envío a monopolizar el evangelio.

En este siglo la iglesia de Jesucristo se ha concentrado en ‘hacer cristianos’ y se ha olvidado de hacer discípulos. Las congregaciones están llenas de ‘cristianos’ cuando en realidad deberían estar llenas de discípulos. La diferencia entre un ‘cristiano y un discípulo es su obediencia a los instrucciones del Maestro. Existen muchos ‘cristianos’ en la Iglesia que aún no se han bautizado. Muchos de ellos están esperando “estar bien delante de Dios.” pero eso no fue lo que dijo el Maestro. Desde el momento que entendemos lo que significa el Evangelio (cuando confesamos a Cristo como Señor y Salvador de nuestra alma), debemos bautizarnos como símbolo de obediencia. El ‘cristiano’ interpreta el evangelio para su conveniencia, este manipula el evangelio para sus propias ganancias. Contrario al discípulo que obedece y hace; este tiene una relación con El Maestro y da su vida por El Reino. Un discípulo vive enamorado de las cosas del Reino y del Evangelio; este solo vive para agradar a su Maestro (Jesucristo) y lo que Este encomendó – todo lo deja por el Evangelio. Un discípulo evangeliza para el Reino, mientras que un ‘cristiano’ lo hace para su congregación.

Observamos el éxodo de las congregaciones y de la iglesia en general y no tomamos conciencia del porqué de esto. Muchos culpan a la “falta de madurez” o “rebelión” de los que se van de la congregación, o falta de “un verdadero encuentro con Jesús” de los que se apartan de la iglesia/del Reino. En realidad quienes deben evaluarse son los ministros (pastores, líderes, etc.). Estos deben meditar si en realidad están haciendo lo que Jesús encomendó. La pregunta sería: ¿estamos formando ‘cristianos’ o discípulos? Cuando se forman discípulos estos son fieles al evangelio y por lo tanto tienen respeto a sus padres espirituales. Esto lo podemos observar especialmente en las cartas de Pablo. Siempre vamos a encontrar uno más que otro que quiere independizarse y seguir su corazón, pero aquel que es discípulo regresa y pide perdón. El hijo prodigo, en este caso, el discípulo prodigo regresa y busca la reconciliación. El verdadero ministro de La Palabra reconoce su falta y busca aquel que se fue de su redil, y si este no quiere regresar, al menos hizo lo que Jesús hubiera hecho. La humildad fue la característica mayor del Maestro. Jesús muy claro dijo, “si alguno quiere venir en pos de mí y ser mi discípulo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.” El orgullo y la intolerancia no son características del Maestro, por lo tanto no lo deben ser de un ministro de Él. Muchos de los que se van de la congregaciones es porque desde el principio, cuando se le evangelizo a este, era para que perteneciera a otra congragación en la cual iba a ser útil.
El verdadero evangelismo es aquel que se hace para el Reino de Dios. Muchos andan evangelizando para llenar sus congregaciones y hasta evangelizan aquellos que ya pertenecen a un ministerio y tratan de atraerlos a ellos. Podemos observar congregaciones, de la misma denominación, a una cuadra de distancia, que vergüenza para el evangelio. Esto no es más que símbolo de desunión entre los ministros. Los incrédulos hablan mal del evangelio por estos motivos y otros. Es tiempo que la Iglesia de Jesucristo medite en sus caminos y deje de avergonzar a Jesucristo y Su evangelio. Jesús no vino a llenar congregaciones, ese no fue Su propósito ni mensaje. Jesucristo vino a restaurar la relación entre el Padre y Su creación, como hermanos en una misma fe y creencia. La corona del ministro no va a ser más grande por la cantidad de miembros que tiene en su congregación, sino por los frutos que ha traído al Reino de Jesucristo. Cuando evangelizamos, lo hacemos con la intención de salvar vidas de la mano de satanás (nuestro verdadero enemigo), predicando el evangelio de las Buenas Nuevas para que las vidas cambien y vengan al conocimiento de Jesucristo, sin importar a cual congregación cristiana este convertido llegue, lo importante es que el evangelio ha llegado a su vida y es una nueva criatura. El que evangeliza debe llevar consigo contactos de diferentes congregaciones para facilitar la más conveniente, normalmente la más próxima a su residencia.  El corazón de un verdadero evangelista está en la salvación. Este evangeliza para el Reino y trata de mostrar el amor de Cristo. Debemos recordar que la primera impresión deja una marca en el corazón, por lo tanto, la misión de un evangelista es presentar a Jesucristo y Su evangelio a las vidas que evangeliza. Cuando evangelizamos se trata de Cristo, Él es el sentido y propósito de nuestro evangelismo, dar a conocer a Cristo y Su Evangelio a las vidas. Es tiempo que  esta revelación llegue y llene nuestros corazones, así cambiando la inspiración e intención de nuestro evangelismo. Cuando esto hagamos, El mismo traerá a nuestra congregación aquellos que serán útiles en medio nuestro.

¡Evangelicemos para el Reino y veremos el avivamiento de Su Gloria!

Monday, April 28, 2014

Eligiendo al Maestro

“El entró en cierta aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. 39 Y ella tenía una hermana que se llamaba María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. 40 Pero Marta se preocupaba con todos los preparativos; y acercándose a Él, le dijo: Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. 41 Respondiendo el Señor, le dijo: Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas; 42 pero una sola cosa es necesaria, y María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada” (Lucas 10:38-24).
Este mundo trata de consumir al hombre en sus afanes. Con razón Jesús en Mateo 6:25-34 enfatiza lo esencial y advirtió no afanarse por nada: “Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástele a cada día sus propios problemas.” Los afanes y preocupaciones solo perturban la mente, ocasionando desenfoque de lo primordial, en el caso de la iglesia, las cosas del Reino. Jesús hizo este énfasis para que la iglesia estuviera alerta de una, de las muchas formas, satanás quitaría la paz a Su iglesia y el enfoque del templo/santuario. Marta era una de esas personas que el afán y las preocupaciones le perturbaron el entendimiento. Esta no tuvo discernimiento, como su hermana María, quien entendió y percibió quien era que le visitaba. ¡El Maestro había entrado a la casa de ellas! Cuán privilegio estuvieron al recibir la visitación del mismo Dios Hijo en su casa. El Hijo hecho hombre visito la casa de Lázaro y sus hermanas, y ¿Marta preocuparse por cosas de servicio?
Como Marta así estamos muchos cristianos. El afán y las preocupaciones han nublado el entendimiento y afectado el espíritu de discernimiento en muchos de nosotros. Con esto el Reino y el Templo han sido perjudicados: la iglesia está centrada en lo terrenal. Jesús dijo “la mies es mucha pero los obreros son pocos.” Los obreros están ensimismados y enfocados en las cosas terrenales, estos se han olvidado de la encomienda (Marcos 6:15) dada por el Maestro…Satanás ha entenebrecido su mente para que no vean la mies y los tiempos. Como María, si estuviera la posibilidad elegiría quedarme horas escuchando hablar al Maestro y del Maestro. Cuando Pablo hablaba a las comunidades de cristiano, este pasaba horas con ellos hablándole del Maestro y del Reino. La Biblia muestra un episodio donde uno de los oyentes (un niño) se durmió mientras escuchaba hablar a Pablo del Evangelio, era muy de noche y este se alargaba en su prédica. El joven callo de la ventana y se hirió a punto de muerte. El Espíritu Santo lo revivió y continuo escuchando a Pablo (Hechos 20:7-12). En los tiempos de los apóstoles, las comunidades cristianas tenían hambre de Jesús. A estos no le importaba pasar horas en reuniones solo escuchando hablar del Reino, ¿cuánto más si es el mismo Maestro hablando? Jesús hablaba a la comunidad constantemente. Muchos le pasaban de largo y seguían su camino mientras que otros se detenían ya que Él hablaba con suma sabiduría. Nicodemo discernió el hablar de Jesús, este le fue a visitar y le dijo: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él” (Juan 3:2). Nicodemo tenía conocimiento de la Ley (era maestro de la Ley) pero le hacía falta la relación con el Dios que dio la Ley. Esto es una demostración de que la mucha letra (mucha teología) no es indicación de una relación. Los escribas y fariseos (teólogos, maestros de la ley) son los “tímpanos resonantes” que La Escritura refiere. Están llenos de letras pero no tienen relación con esas letras.   Jesús busca tener una relación íntima con Su iglesia; El anhela que la iglesia desee Su visitación y que se deleite al oírle hablar. No hay cosa más hermosa que habitar los hermanos en koinonia y armonía. En el Pentecostés los hermanos estaban “unidos, unánimes” en un solo sentir, buscando un solo propósito, la presencia viva del Espíritu Santo de Dios. Dios habita en medio de un pueblo que le anhela; que ansía su presencia y escucharle hablar. Pero cuantos el afán y las preocupaciones le entenebrece la mente y pierden la bendición de morar en Su presencia porque Él les pasa desapercibido. El Maestro llega a nuestra casa y no le ponemos atención, nos ocupamos en las cosas que no tienen valor y  los desatendemos a Él (La Palabra predicada o estudiada), aquello que es duradero  y que nadie nos puede quitar…un tiempo con el Maestro. Cuando Zaqueo escucho que Jesús venia, hizo todo lo necesario para verle (Lucas 19:1-10). Jesús sintió, en esa multitud, que había alguien que ansiaba conocerle; tener un encuentro con El; que Él le visitara. Zaqueo estaba en la altura de un árbol, pero Jesús percibió el anhelo de su corazón…sintió que había alguien que deseaba oírle hablar; que aspiraba su presencia. El Señor conoce el corazón del hombre, y lo que este anhela. La Palabra dice que “donde esta nuestro corazón, ahí está nuestro tesoro” (Mateo 6:21). ¿Dónde está tu corazón? ¿Está en lo terrenal o en lo celestial? ¿Cuál es tu reacción acerca de lo del Reino? ¿Cómo te comportas cuando te visita el Maestro? ¿Estas eligiendo a Jesús o al mundo? ¿Estás buscando y concentrado en lo esencial (Jesús y el Reino)? ¿A quién le estas dando tu tiempo?  
 
 

 

Friday, April 4, 2014

Unción Activa

1 Samuel 16:13
 “Samuel tomó el cuerno del aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. A partir de aquel día vino sobre David el espíritu de Jehová. Se levantó luego Samuel y regresó a Ramá.”

 La unción es la presencia de Dios impartida por el Espíritu Santo; es el Espíritu y el poder de Dios para servir en este mundo; es “Dios, a través de la carne, realizando obras que ésta no puede hacer.” El Padre celestial anhela revestir la iglesia de Su Unción para que esta pueda ejercer el trabajo de Marcos 16:15. Su Unción no está restringida o reservada a ciertas personas, al contrario, el Padre desea ungir a todos para que sean eficaces en el trabajo del Reino.  Entre los hebreos, el acto de la unción era importante en la consagración para uso sagrado: de aquí la unción del sumo sacerdote[] y de las vasijas sagradas. Según la Biblia Judía, cada vez que alguien era ungido con el aceite de la unción santa (Éxodo 30:22-25), el Espíritu Santo descendía sobre esta persona, capacitándole para realizar un sagrado designio. La palabra unción es también usada frecuentemente por los cristianos para aludir al poder de Dios o del Espíritu de Dios residente en un cristiano.  Los aborígenes australianos creían que las virtudes de quienes morían podían transferirse a los supervivientes si éstos se frotaban con su grasa interna. De forma similar, los árabes de África Oriental se ungían con grasa de león para adquirir coraje e inspirar miedo a los animales. Estos ritos están a menudo relacionados con comerse a la víctima cuyas virtudes se anhelan. Estos aborígenes, sin ningún conocimiento bíblico, entendían el poder de transferencia de personas con virtudes y animales feroces/fuertes. Estos hacían lo que no entendían para adquirir virtudes, poder, fuerza, sin embargo la iglesia, que tiene la unción del Padre a su disposición no le da importancia; ignora el poder que esta ejerce cuando es vertida sobre el cristiano.

Jesucristo le dejo (transfirió) a la iglesia Su autoridad y dominio, “cosas mayores que estas ustedes harán…” (Juan 14:2). El traspaso a Su iglesia todo señorío y poder sobre principados, huestes y potestades de las tiniebla, sobre la carne y sobre el mundo. Sin embargo la iglesia continúa viviendo bajo miedos, paranoias, temores, tristezas, depresiones, yugos y ataduras, pobrezas, se mira destruida, sin fuerzas, sin ánimos, actuando con pobreza espiritual cuando en realidad tiene en su genética la unción del Hijo. La iglesia procede como un sirviente o esclavo cuando en realidad es rey, dueño y heredero. ¿Qué está sucediendo? La iglesia ignora lo que tiene, y para que lo tiene. La Unción del Padre esta desatibada en muchos cristianos, algunos por  ignorancia, otros por descuidado, mientras otros porque no la aprecian.

La iglesia de Jesucristo está caminando en pobreza espiritual y poderío cuando tiene a su alcance tan inmenso poder…la Unción del Padre y del Hijo. Esa unción que quiebra y desata los yugos, rompe las cadenas, liberta al cautivo, transforma la mente y sana al herido. La iglesia tiene que postrarse delante del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo pidiendo perdón por no valorar la Unción disponible para ella. 2 Crónicas 7:14 refiere la importancia de arrepentirse y humillarse delante del Padre, y lo que sucede cuando un pueblo viene arrepentido de corazón. El triunfo del rey David se debió a la Unción derramada sobre él. Desde el momento que David fue ungido como rey, el cargaba la unción y por consiguiente tuvo la osadía de retar al filisteo Goliat, porque no era David sino la unción que hablaba. Esta dio a David el coraje para desafiar y enfrentarse al gigante. La unción fue que derroto al gigante y su tropa, no fue la piedrecita David lanzo. La iglesia necesita regresar a los rudimentos antiguos. Solo después del Pentecostés los discípulos pudieron ejercer la función evangelista llena de poder y gloria. Pentecostés no es más que el poder de la UNCION, y sin ella la iglesia se mueva en mediocridad espiritual, ejerciendo un evangelismo con la fuerza del hombre. Por eso observamos tantos cansados del Camino, porque han estado moviéndose en su propia fuerza.

Busquemos nuevamente el verdadero poder que mueve la iglesia, la UNCION del Hijo. Esa unción que mueve paredes y montañas; que abre puertas cerradas y que provee agua en la sequedad. Unción que alienta, levanta, refresca…esa misma unción que hizo que Esteban viera la gloria de Dios en medio de ser maltratado y que pudo pedir misericordia y perdón para quienes lo apedreaban. Cuando un cristiano vive bajo una unción activa, no tiene tiempo ni espacio para frutos carnales: pleitos, chismes, conflictos, murmuraciones, odios, rencores, falta de perdón, etc. ya que la unción solo le permite enfocarse en lo del REINO; no hay lugar para lo del mundo ni la carne. Un cristiano bajo unción recibe revelaciones de lo ya revelado (La Biblia: Efesios 1:17), es tanto el poder que este se siente que está hablando directamente con el Padre, recibiendo revelaciones continuamente.

 Cuando la UNCION no está activa en la iglesia, esta carece de piedad, milagros y prodigios, los frutos espirituales no son notables y los cinco (5) ministerios no están trabajando de forma efectiva. También se notan conflictos/guerras entre hermanos ya que carecen de amor y fraternidad. Es tiempo que el remanente reconozca la necesidad de orar para que el Padre active la UNCION del HIJO en la iglesia. El Espíritu Santo desea activar la UNCION del Hijo sobre la iglesia para que esta pueda ejercer un servicio efectivo tanto con el mundo (los gentiles) como con los hermanos en la fe.

 Iglesia de Jesucristo, busquemos Su unción y así podremos ser ¡más que vencedores!

 


 

 
 

Monday, March 3, 2014

Vinagre en vez de Oleo

 
"le dieron a beber vino mezclado con hiel; pero después de probarlo, no lo quiso beber; Y al instante, uno de ellos corrió, y tomando una esponja, la empapó en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber
(Mateo 27:34 y 48).

En los últimos momentos de la crucifixión a Jesús le dio sed y pidió de beber. ¿Es que no había agua en ese tiempo que le dieron a beber, primeramente, vino mezclado con hiel y luego vinagre? Cuando la sed del agotamiento invade es más severa que cualquier otra sed. Jesús estaba cansado en todas las dimensiones (físicas, espirituales, sociales, familiares); estaba deshidratado de tanto maltrato físico, emocional y psicológico; no tenía fuerzas en su interior, estaba desgastado físicamente, pero en esa tortura continuaba llevando la cruz. No lo permitían descansar, lo acosaban y destripaban, escupiéndole sin piedad. Cuando finalmente llega al monte, Sin consideración alguna, lo estripan de su vestuario y le causan aún más fuerte dolor físico, cuando lo clavan a la cruz (sin anestesia alguna). Primeramente le clavan las manos y luego los pies…QUE DOLOR MAS EXCRUCIANTE SUFRIO EL MAESTRO por venir a este mundo de hombres sin piedad; hombres sanguinarios que no merecían Su sacrificio por ellos. Nuestro Salvador sufrió una muerte devastadora, tanto física como espiritual ya que su Padre tuvo que abandonarlo (“Padre porque me has abandonado”) al cargar, en ese instante, con los pecados de toda la humanidad. Después de tanto dolor lo único que pidió fue un poco de agua para saciar la sed física, y ¿qué le dieron de beber? Abusadores, en los momentos más doloroso le dan de beber hiel y vinagre.
 
¿Cuantos cristianos están buscando un poco de agua de sus hermanos en la fe, en  tiempo de su sequía, y lo que reciben es hiel y vinagre? Sabemos de pastores que caen en pecado, y ¿qué hacemos? juzgarle en vez de restaurarle. Le ponemos vinagre a la herida en vez de oleo. Escuchamos de hermanos con necesidades y en vez de ayudarle le brindamos un “orare por ti para que el Señor te provea” cuando en realidad el Señor está permitiendo que tu sepas la necesidad para que la suplas. Es vergonzoso escuchar personas decir que no contratan un cristiano para trabajar porque “siempre salen con la de ellos.” En los momentos más necesitados de un hermano en la fe es cuando recibe menos oleo de sus hermanos cristianos.  Entonces preguntamos, ¿Por qué se van los hermanos de la iglesia, y peor aún, de la fe cristiana? Cuando preguntamos a un hermano descarriado por qué se fue de la iglesia o dejo la fe cristiana, la mayoría comenta: “porque los cristianos son unos hipócritas.” Casi siempre existe una necesidad el hermano tenia pero se le ministro hiel y vinagre en tiempo de la necesidad.
Cuando Judas traicionó a Jesús, Él no lo juzgo, solo lo miro con ojos de misericordia deseando que cambiara el curso de su caminar y decisión. Jesús en ningún momento le llamo traidor o ningún otro calificativo dañino. ¿Por qué entonces no aprendemos del Maestro cuando se trata de ministrar o hablar aquel que necesita una palabra con oleo? La Palabra claramente llama a ser paciente con los débiles en la fe. Pero más aún exhorta a que no nos exaltemos porque alguna vez fuimos débiles nosotros también, y “el que se cree fuerte mire que no caiga.” ¿Por qué es tan difícil ministrar oleo al caído? ¿Por qué es tan fácil dar vinagre y hiel a uno que tiene sed y pide de beber? ¿De dónde surgen esas malicias? Estamos perdiendo la credibilidad de la hermandad cristiana y testificando mal de la unidad en Cristo. Estamos perdiendo territorio y cediéndoselo a los psiquiatras y consejeros seculares. Los hermanos no confían sus debilidades a otros hermanos en la fe ya que temen el lazo de juicio y señalamiento de parte de aquellos que buscan ayuda. ¿Qué triste y cuan amargo y doloroso es no poder confiar en los de la fe?

Es tiempo de meditar en nuestro proceder (tanto en lo interior como en lo exterior) cuando llega una persona en necesidad a que le ministremos. No importa quién eres o que título, credenciales posees en la congregación; cuántos años lleva ministrando la Palabra. Debes meditar en tu proceder. ¿Cuál es el motivo que te lleva a dar vinagre y hiel en vez de agua? ¿Por qué actúas de tal manera? ¿Por qué no deseas restaurar y en vez optas por juzgar y destruir? ¿Es que no tienes Agua ni Oleo para dar y ministrar? ¿De dónde surge tu proceder? Es tiempo de ponernos a cuenta con nosotros mismos y encontrarnos. El Espíritu Santo está disponible para sanar cualquier herida que nos impide ministrar Oleo al herido y dar Agua, en vez de vinagre, al que tiene sed. Hasta que no seamos sanados nosotros mismos, nunca podremos ministrar sanidad, porque no podemos dar ni ministrar lo que no tenemos. No podremos dar una palabra de aliento y paz si tenemos el alma herida llena de resentimientos, odio, rencores y falta de perdón. Como dice la Palabra, un árbol malo no puede dar frutos buenos. Estamos perdiendo la batalla contra satanás porque estamos dando de beber vinagre y hiel al que llega pidiendo agua. En el avión se nos instruye que en caso de emergencia te ponga el oxígeno tu primero y luego ayude a ponérselo al que no puede. Esto tiene mucha lógica. No podemos ayudar a otros si primero no nos ayudamos nosotros mismos. No podremos ayudar a sanar las heridas de otros sin antes sanar las nuestras primero. No podremos dar agua al que tiene sed y pide agua si no sabemos que es Agua. Siempre vamos a dar de lo que tenemos. ¿Qué tienes en tu fuente, agua, hiel, vinagre o Oleo?

 
 

 

Campo De Batalla

"Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan" (Mateo 11:12).
Desde el momento que decidimos seguir y servir a Cristo entramos en un campo de batalla. Batalla contra satanás, contra la carne y contra el mundo. Satanás  equipa sus huestes para impedir la conversión, y luego de esta, refuerza su ejército para hacerle frente al nuevo convertido. Muchas veces la FAMILIA se levanta en contra de la nueva fe y vida hemos decidido seguir. Lucas 14:26 hace referencia a este punto. Muchos de las amistades se alejan; los  conyugues, los hijos se convierten en piedra de tropiezos y tribulaciones. La vida de un verdadero cristiano es un campo de batalla desde la conversión hasta la muerte o hasta que Cristo venga por Su iglesia.  Entonces, ¿cual es el beneficio de la conversión a Cristo?
Gálatas 5:22-23 relata los frutos del Espíritu que es: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Pertenecer a la familia de Dios, por medio a Su Hijo Jesucristo, nos hace coherederos de los reinos celestiales. En Cristo esta la vida; la vida eterna. En Cristo no hay muerte eterna ni ley que nos sujete a sacrificios vanos; vanas repeticiones y sacrificios para agradar al Padre. En Cristo agradamos al Padre, porque en Él tiene complacencia y Él nos mira en El, por lo tanto, Él se complace de nosotros en El (Cristo). Cristo es la esencia misma de la vida. El viviente sin Él está muerto, aunque viva.  En El encontramos la sanidad del alma y del cuerpo físico (Él es el medico por excelencia); es el Consejero de consejeros – nunca revela lo revelado a Él. En Cristo estamos protegidos de las huestes de las tinieblas (satanás). En Cristo está el poder para vencer a satanás, sujetar al cuerpo (la carne) y refrenar los deleites del mundo. Cristo fortalece la iglesia para que sea triunfadora en el campo de batalla. El Espíritu Santo está en nosotros, por nosotros y con nosotros para que ese poder se manifieste. Jesucristo dejó a la iglesia las herramientas necesarias para vencer los enemigos de El, y por consiguiente de la iglesia, aquellos que pelean continuamente para que la salvación en Cristo no se efectúe en el no creyente, y para que el convertido se mantenga en santidad (satanás, la carne y el mundo).
El cristianismo es un estilo de vida. El cristiano es un embajador de Cristo. Este representa a Cristo en el mundo. La Biblia es el manual de caminar de un cristiano. El cristiano debe leer ese manual diariamente y referirse a él para conducirse y tomar decisiones. El cristiano debe comunicarse con su comando en Jefe y presentarse a Él para dar informe de lo que ha hecho, y si alguna falta o mala conducta es descubierta, debe pedir perdón por no cumplir con el manual y su trabajo de embajador. El cristiano debe pedir ayuda al Espíritu Santo diariamente y a cada instante. Él es quien revela y explica el manual para que sea entendido y realizado. El Espíritu Santo es el ayudador y consolador del cristiano; de la iglesia. Por lo tanto se le debe preguntar y consultar antes de tomar decisiones o efectuar transacciones con el mundo. El Espíritu Santo revela y manifiesta el sentir y deseo del Padre y del Hijo y de esa manera la iglesia se entera cual es la voluntad de Ellos. Por ese motivo, el cristiano debe hablar con el Espíritu Santo para conocer el corazón del Padre. En este intercambio, el cristiano recibe instrucciones básicas y específicas de lo que Jesús desea de él.
Es cierto que entramos en un campo de batalla desde que decidimos por Cristo, pero ¡vale la pena pertenecer al reino celestial! es un orgullo, un privilegio pertenecer a la familia cristiana. En Cristo saltaremos los muros y somos más que vencedores. En El todo lo podemos dominar!

 


 
 
 
 
 
 

Wednesday, February 12, 2014

Amor Filial


Uno de los frutos de la salvación es la filiación en Cristo. Jesucristo formo una nueva familia, ¡la familia cristiana! En la salvación también recibimos el ingrediente del amor ágape, un amor sin condición ni restricción. Un amor que se interesa por el bienestar de otros, piensa en el bien y gozo de los demás antepuesto al personal. Ese es el amor que todo nacido de nuevo en Cristo debe poseer y mostrar. Este amor debe ser una señal de todo cristiano. Testificamos de Cristo en nosotros cuando mostramos amor ágape. La diferencia entre el Samaritano, el Sacerdote y Levita fue la muestra del amor incondicional (leer historia del samaritano en Lucas 10:30-37). Al samaritano no le importó quien era el herido, lo que hizo que ayudara al extraño prójimo fue el amor que llevaba dentro. Este no limito la ayuda, al contrario, la extendió fuera de su vista. Este pudo haber entregado el herido al doctor y desentenderse puesto que el herido ya estaba en buenas manos, pero decidió ayudarlo hasta que obtuviera la sanidad completa.  Si este samaritano, que no conocía de Jesucristo  y Su sacrificio en la cruz ejercía el amor ágape, ¿cuánto más nosotros los nacidos en Cristo no vamos a mostrar y ejercer ese amor?
Vivimos en un mundo que enfatiza la individualización. Promulga la superación personal y motiva satisfacer el yo…engrandecer el ego. Este da valor a las posesiones y por consiguiente valora al individuo de acuerdo a lo que posee. Lo superficial (exterior) es lo que llama la atención y lamentablemente muchos de los cristianos nacido de nuevo se han envuelto en ese oleaje. Estos comentan que ‘La Salvación Es Individual’ usando los pasajes bíblicos para justificarse (Ezequiel 18:20; Deuteronomio 24:16). Este tipo de cristiano se preocupa muy poco de los demás y si estos alcanzan salvación. Están ensimismados y usan esta frase para justificar su conducta de no evangelizar ni defender la fe cristiana. Pero gloria a Dios por el remanente que ha recibido sabiduría y revelación del Espíritu Santo y está haciendo el trabajo de la comisión Jesucristo mando hiciéramos (Marcos 16:15).

El pasaje bíblico en Hechos 3 muestra el amor filial en acción, pero a la misma vez muestra el amor individual. Si leemos este pasaje cuidadosamente entenderemos el mensaje espiritual que este brinda. Esta es la historia de un paralitico que estaba adyacente a la entrada del templo pidiendo limosna y la actitud de los que entraban al templo. “había un hombre, cojo desde su nacimiento, al que llevaban y ponían diariamente a la puerta del templo llamada la Hermosa, para que pidiera limosna a los que entraban al templo” (v.2). Este paralitico era llevado DIARIAMENTE a la entrada del templo…el templo donde los feligreses iban a orar y dar culto a Dios!  Este paralitico pedía limosna a LOS QUE ENTRABAN al templo. Quizás se postraba allí esperando que alguno tuviera misericordia y lo entrara hasta adentro, pero siempre lo dejaban afuera del templo. Quizás algunos le echaban una moneda, otros a lo mejor estaban cansados de mirarlo ahí siempre que iban al templo y por lo tanto lo ignoraban y ya no le daban limosna. Quizás para otros este era un problema y lo esquivaban y se iban por otra entrada del templo. Otros quizás lo juzgaban y le decían que por su pecado estaba paralitico. Podemos deducir varias opiniones, pero la verdad es que este hijo de Dios era omitido/desentendido por sus mismos hermanos; por su propia familia en la fe. Ninguno de los que entraban al templo fijó sus ojos en él.
Pedro y Juan hicieron la diferencia. “cierto día Pedro y Juan subían al templo a la hora novena, la de la oración. Y había un hombre, cojo desde su nacimiento, al que llevaban y ponían diariamente a la puerta del templo llamada la Hermosa, para que pidiera limosna a los que entraban al templo. Este, viendo a Pedro y a Juan que iban a entrar al templo, les pedía limosna. Entonces Pedro, junto con Juan, fijando su vista en él, le dijo: ¡Míranos! Y él los miró atentamente, esperando recibir algo de ellos. Pero Pedro dijo: No tengo plata ni oro, más lo que tengo, te doy: en el nombre de Jesucristo el Nazareno, ¡anda! Y asiéndolo de la mano derecha, lo levantó; al instante sus pies y tobillos cobraron fuerza, y de un salto se puso en pie y andaba. Entró al templo con ellos caminando, saltando y alabando a Dios. Todo el pueblo lo vio andar y alabar a Dios, 10 y reconocieron que era el mismo que se sentaba a la puerta del templo, la Hermosa, a pedir limosna, y se llenaron de asombro y admiración por lo que le había sucedido.

¿Cuantos hermanos en la fe existen paralíticos y nadie le ayuda? Ninguno fija sus ojos en ellos ni le da la mano para ayudarlos a pararse y recobrar fuerzas. Esas fuerzas que necesitan para entrar en el templo y gozarse y regocijarse en Cristo. Esos hermanitos que siempre están pidiendo oración por lo mismo a veces le son de molestia a muchos, y aquellos que no llegan a la iglesia son olvidados y se le cataloga como rebeldes. Porque mejor no hacemos como hicieron Pedro y Juan, darle a esos hermanos la mano para que sean sanados, restablecidos y puedan gozarse en la salvación Cristo Jesús les dio. El amor ágape filial nos lleva a preocuparnos por los perdidos, los descarriados, los enfermos, los encarcelados, los abusados, los abandonados, todos aquellos que de una forma u otra están paralíticos y no pueden entrar en el templo por sí mismos. Pedro y Juan le dieron a ese paralitico lo más preciado que tenían, a Cristo! Nosotros también tenemos a ese Cristo que Pedro y Juan tenían…Vamos a darle a Cristo a esos paralíticos y entrarlos a Su Reino!